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jueves, 30 de junio de 2011

Inoo Kei Birthday | Inoodai | Oneshot

Título: Inoo Kei Birthday.

Pareja: Inoo Kei/Arioka Daiki (Inoodai).

Género: Slash, shounen ai, yaoi.

Extensión: Oneshot (3.448 palabras).

Trama: Fluffy (WAFF).

Fiction Rated: K (9+).

Era el día más esperado de todo su calendario y que una tremenda felicidad le invadiese era algo que simplemente no podía evitar. Podía hasta gritar de felicidad de solo pensar que festejaría su primer cumpleaños junto a aquella persona que lograba quitarle el sueño todas las noches.

— ¡Hijo, Kei! ¡Feliz cumpleaños mi sol! —Exclamó su madre al apenas verle bajar por las escaleras de su hogar.

— Gracias mamá —Le respondió él, aceptando con gusto que aquellos brazos tan únicos y conocidos le rodeen en un cálido abrazo. Luego de aquel dulce saludo de parte de la única persona con la cual compartía aquella refinada morada, se dispuso a desayunar y partir rumbo a su escuela en la cual cursaba su tercer año de secundaria. Muchos y muchos, quizás demasiados saludos, le recibieron al apenas ingresar al establecimiento educativo más prestigioso de la ciudad. Y no era de extrañarse, ser el más popular le brindaba aquellos tratos, aunque no los quisiese. En realidad, de la única persona de la que esperaba siquiera el más minino saludo, era de la misma que se sentaba frente suyo todos los días de clase. La misma que siempre rondaba la dulce imagen de su rostro en su cabeza, y de la única a la cual deseaba permanecer a su lado toda la vida.

— Dai-chan... —Y esa sonrisa que lograba acelerarle el corazón se hizo presente una vez más.

— ¡Inoo-chan!—Exclamó Arioka Daiki lanzándose a los brazos del nombrado que muy pronto se ruborizó.

— ¡Buenos días! — Exclamó acurrucándose sobre el pecho del alto.

—B-buenos días Dai-chan — Le respondió Inoo Kei correspondiendo aquel abrazo algo avergonzado, pero complacido, esperando aquel deseoso saludo por el día de su cumpleaños. Pero aquel deseo no fue cumplido como él tanto había querido. Caso contrario, Daiki se alejó de su cuerpo lentamente y le sonrió con normalidad cuando sus rostros estuvieron frente a frente.

— Bien Kei-chan, debo irme. — Le dijo el castaño comenzando a caminar en dirección a la puerta de entrada del salón, al mismo tiempo que se escuchaba la estruendosa campana anunciando el inicio de clases, y que sus compañeros comenzaran a ingresar al salón riendo y conversando normalmente.

— ¿Eh? ¿A dónde vas? — Le preguntó Kei curioso, y más que nada dolido al no recibir ningún saludo o felicitación.

— Hay reunión de delegados y, pues, debo ir — Le contestó con tranquilidad Daiki, siguiendo su camino hasta la salida, saludando con un sonrisa a una que otro compañero que apenas ingresaba con una sonrisa, hasta perderse por el corredor, fuera de su salón. Y justo cuando estaba a punto de correr a su alcance por cualquier tipo de explicación o información, el preceptor de la clase ingresó al aula sin darle otra oportunidad que sentarse en su lugar y prepararse para la primera materia, observando con nostalgia el asiento vacío que se encontraba delante del suyo hasta la hora del receso.

— ¿En donde estuviste todo este tiempo? — Preguntó con dificultad y casi inentendiblemente, mientras que masticaba ese gran pedazo de... ¡Emparedado! (?) que había mordido.

— ¡Traga antes de hablar, Kei! — Le regañó Daiki, dándole un leve golpe en la cabeza al nombrado, sonriendo con ternura.

— Lo siento. — Le respondió Kei avergonzado.

— Pero aún no has respondido a mi pregunta.

— Te he dicho que tenía reunión con delegados, y allí he estado todo el módulo. — Respondió con tranquilidad Arioka, dando una mordida a su onigiri al finalizar.

— ¿Seguro? Jamás duran mucho esas reuniones. — Contradijo inseguro Kei.

— Que te digo que sí, Kei. Sólo se alargó un poco, nada más. — Como digas...Y así aquel almuerzo continuó con normalidad, mientras ambos conversaban y bromeaban con tanta alegría, como era tan común en ellos.

— Ne, Dai-chan, ¿Sabes qué día es hoy? — Inoo miró hacia una de las muchas vidrieras que ya habían pasado junto a ellos, fingiendo que aquella pregunto llevaba consigo la más mínima importancia, cuando así no lo era.

— Claro, 22 de Junio. ¿Por qué? — Le respondió el otro observándole con curiosidad.

— Uhm, no. Por nada en especial. — Inoo bajó su mirada concentrándola al cien por cien en ese sucio suelo de la vereda en la que estaban transitando, sintiendo como su corazón se despedasaba en mil pedazos.

— Kei, ¿Te ocurre algo? — Le preguntó Daiki aparentemente preocupado, intentando observar el rostro de su amigo, quien se lo impedía con vergüenza, queriendo evitar que el menor observase ese deje que tristeza que se había formado su rostro.

— Ajá. Mejor apresuremosno sino tu madre se molestará. — Y sin siquiera voltearse, Kei aumentó la velocidad de su caminar, dejando un par de metros atrás al menor.

— ¿Estás seguro? — Insistió el otro en un tono de voz algo alto para que el mayor le oyese, mientras que casi comenzaba a correr para alcanzarle.

— Sí, Dai-chan. Ahora apresúrate. — Esta vez si se volteó, intentando transmitir seguridad y confianza sólo para que el menor le creyese. Y al parecer lo logró.

— Y ahora apresúrate.

— ¡Esta bien! — Exclamó Daiki con una inocente sonrisa al mismo tiempo que le daba alcance al mayor.

— Bien, aquí te dejo. — Suspiró Kei, llevando consigo la más mínima esperanza de que su amigo, su mejor amigo, y el amor de su vida no hubiese olvidado el aniversario de su nacimiento número 21.

— Bien, hasta mañana. — Y sin darle tiempo de nada, Daiki besó su mejilla como siempre solía hacerlo, y se metió a su hogar con prisa, dejando a un Kei decepcionado y dolido en el pórtico de su casa.

— Adiós. — Murmuró, y sin más comenzó a caminar rumbo a su hogar, el cual quedaba a menos de diez cuadras de allí.

— Tadaima... — Exclamó por lo bajo, viendo a su madre aparecer eufórica y apresurada desde la sala de estar.

— ¡Kei, Hijo! — Exclamó ella. Llevaba consigo su abrigo y su bolso, lo que le daba a entender a Kei que su madre estaba a punto de salir, pero ¿A dónde? ¿Por qué tan apresurada y preocupada? Sin poder evitarlo se preocupó también.

— Mamá, ¿Qué ocurre? — Preguntó sin molestarse en ocultar la preocupación que le había invadido de repente.

— Lo siento, hijo pero debo irme. Ha ocurrido una emergencia laboral, y quizá no regrese a dormir por ello. — Le contestó agitada colocándose sus zapatos. E inevitablemente, Kei se alivió, ya que se le habían cruzado miles de ideas diferentes y peores al ver a su madre en tal estado.

— No te preocupes mamá. Ve tranquila que yo cuidaré la casa. — Le aseguró como todo hijo bueno, dedicándole una de sus mejores sonrisas para aquella persona que más que merecérsela, era toda suya.

— Gracias hijo, y lo siento por no poder estar a tu lado en este día. Pero si lo deseas invita a tus amigos y cenen algo entre todos ¿Quieres? — Sugirió amable ella, conmoviendo a su hijo.

— Gracias mamá, lo pensaré. — Y dejando a su madre más que complacida, la dejó partir y se adentró a su ahora solitario hogar, dejando sus zapatos en el sitio donde estuvieron los de su madre minutos antes.

Subió hasta su cuarto con la máxima lentitud que su cuerpo se lo permitía, quitándose el uniforme completo hasta quedar, prácticamente, en ropa interior. Buscó entre su armario alguna prenda suelta y calentita para estar cómodo en su propia casa, y bajó aquellas escaleras con la misma lentitud con las que las subió hasta estar nuevamente en la planta baja de su hogar.

— No estoy de ánimos... No invitaré a nadie hoy. — Y con aquella decisión ya tomada, caminó hacia la cocina por algo que comer, para luego instalarse en el sofá de la sala a ver televisión hasta cansarse, y caer en un profundo sueño.

Su cuerpo descansaba cómodo en el sofá. Aún podía oír el sonido de la televisión por lo lejos, pero cada vez se oía más y más lejana. A medida que pasaban los segundos, se iba adentrando en un profundo sueño, suponiendo que no despertaría hasta el día siguiente por la mañana, a pesar de que aún era temprano para dormir.

Ya casi se encontraba totalmente dormido, comenzando a proyectarse en su cabeza diferentes imágenes las cuales llevaban el nombre de "Sueños". Cuando se encontró totalmente excluido del mundo exterior, pudo sentir una insistente vibración debajo de su cabeza, comenzando a retumbaren toda la casa el rigtone que él mismo había colocado como tono de mensaje, sólo para aquella persona.

Su mente y su sentido común ya habían vuelto a sí mismos, pero de todas formas decidió ignorar aquella tonada, sacando de debajo de la almohada su teléfono para lanzarlo al suelo, quedando tirado justo debajo de la televisión. Se acomodó entre las colchas y el sofá, intentando cubrir sus oídos con la misma almohada. Sin embargo, su celular comenzó a sonar una y otra vez, sin detenerse ni un segundo, dándole a entender que le habían llegado mínimo 2O mensajes en el último minuto.

Ya hastiado y fastidiado, estaba a punto de ponerse de pie para quitarle la batería a su teléfono y seguir durmiendo como dios manda, pero un grito procedente de la entrada de su hogar le dejó mudo y shockeado.

— ¡¡KEI!! — Gritó aquella persona al parecer del otro lado de la puerta. Sin poder creer lo que sus oídos oían, se puso de pie casi como un rayo, y comenzó a correr en dirección a la entrada, quedándose petrificado al observar ese rostro tan dulce al apenas abrir la puerta de su hogar.

— Daiki... — Murmuró.

— ¡¿Cuánto mensajes debo mandarte diciendo "Estoy afuera de tu casa" para que vengas y abras la maldita puerta?! — Exclamó furioso el menor, ingresando al hogar del mayor sin ser invitado a pasar.

— Lo siento... — Fue lo único que pudo articular Kei, observando el rostro del menor con vergüenza.

— Ya no importa, pero procura abrir pronto la puerta la próxima vez, ¿Si? — Y ya sonriendo como siempre lo hacia, Daiki se dirigió hacia su amigo, para abrazarle con ternura como modo de reconciliación.

— Está bien, lo haré. — Le respondió Kei sintiendo miles y miles de mariposas revoloteando dentro de su estomago al sentir el cuerpo del menor tan cerca del suyo.

— ¿Y qué haces aquí? — Preguntó cuando el menor se hubo separado de su cuerpo.

— Vine a copiar tus anotaciones de las clases que me perdí hoy — Sonrió con ternura Daiki.

— ¿Me las pasas?

— Claro, ven... — Su corazón aún dolía al comprobar una vez más que el menor había olvidado completamente su cumpleaños, pero no estaba dispuesto a demostrarlo. Lo menos que quería era preocupar a Daiki, y que este comience a preguntar cosas de las cuales no tenía ánimos para responder.

— ¿Y tu madre? — Le preguntó curioso Daiki, mientras ambos subían las escaleras de la casa de Kei, en dirección a su cuarto.

— Salió. — Respondió el mayor.

— ¿Y a donde fue? — Curioseó el menor.

— Problemas del trabajo. No volverá hasta mañana por la mañana.

— Oh, ya veo...Y sin decir una palabra más, ambos siguieron caminando hasta que por fin llegaron a la habitación del mayor, quien tomó su mochila comenzando a buscar su cuaderno de anotaciones para prestárselo a Daiki y que este copie lo que sea necesario.

— Aquí tienes. Es a partir de las dos últimas páginas. Espero no tengas problemas para entender mi letra. — Y sin más, le entregó el cuaderno a Daiki y comenzó a caminar para dirigirse nuevamente a la planta baja, bajo la atenta mirada de Daiki, quién le observaba extrañado.
— Inoo-chan... — Le llamó, bajando las escaleras un par de escalones detrás de él.
— ¿Sí? — Preguntó el nombrado sin preocuparse en voltearse a observar el rostro de su amigo, el cual reflejaba confusión y un tanto de tristeza.

— ¿Estas molesto por algo? — Aquella pregunta, aquel tono dolido y confundido con el cual Daiki pronunció estas palabras, provocaron que Inoo se voltease a observarle desconcertado.

¿Tan evidente había sido su estado actual?

— ¿Qué...?

— Digo... Es que te noto molesto. ¿He hecho algo malo? — Esa mirada inocente, esos ojos tristes, ¿Por qué rayos no podía permanecer siquiera un día entero molesto con él? A pesar de que, al parecer, Daiki había olvidado su cumpleaños, le tenía tanto cariño y amor, que ni siquiera eso se podía convertir un obstáculo para perdonarle una vez más, sin que Daiki lo supiese.

— ¡Claro que no! ¿De qué hablas, Dai-chan? Deben ser ideas tuyas — Y dedicándole una dulce sonrisa, se acercó hasta el menor, subiendo esos escalones que acababa de bajar hasta estar frente a él y, con sutileza y cariño, despeinó sus cabellos delicadamente bajo la mirada tierna de su amigo.

— Kei-chan... — Murmuró este extrañamente perplejo. Y sin previo aviso, como si este no pudiese contenerse, sus ojos comenzaron a verse vidriosos hasta que lágrimas y lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. El cuerpo entero de Daiki se lanzó sobre Kei en un abrazo tan fuerte y profundo que provoco que Kei perdiese desprevenidamente el equilibrio, cayendo dos escalones hacia abajo, en donde se encontraba el suelo del primer piso de su hogar.

A pesar de la caída, a pesar del dolor punzante en su espalda, Inoo se encontraba perplejo, perplejo y shockeado al sentir como esos brazos le rodeaban del cuello mientras que el rostro de aquella persona especial estaba oculto entre su clavícula y cuello, y lágrimas aún eran derramadas, mojándole lentamente.

Y al fin, llegando lentamente a sí mismo, logró reaccionar de alguna manera y aún desconcertado, rodeó la cintura del menor, al comienzo con inseguridad, pero al instante apegó su pequeño cuerpo al suyo con fuerza, sintiéndose cegado por el calor que el cuerpo de Daiki le brindaba al suyo.

— Dai...ki — Murmuró aún cegado por aquel abrazo, pero el menor no le respondió. Simplemente se alejó de él, observándolo con ojos llorosos y mejillas sonrojadas, una imagen totalmente adorable para Kei, quien no pudo evitar sonreír con ternura. — Deja de llorar, Dai-chan... — Rió por lo bajo Kei, secando con ambas manos esas mejillas húmedas y enrojecidas, acariciándolas intencionalmente.

— K-Kei... Yo... — Intentaba hablar el menor entre sollozos y sollozos.

— ¡Lo siento! — Exclamó de repente dejando salir con furias aquellas lágrimas que parecían no dejar de salir.

— ¿Eh? — Exclamó Kei al mismo tiempo que Daiki volvía a ocultarse entre su cuello.

— Lo siento... Lo siento... — Murmuraba el menor una y otra vez, dejando más y más confundido al mayor quien le abrazaba y acariciaba su espalda en un intento en vano de calmarle.

— Ya Daiki, deja de llorar que así no te entiendo — Murmuraba Kei con una pequeña sonrisa, conmovido por aquella escena.

— Yo no lo olvide Kei... — Murmuró Daiki después de varios minutos, cuando su llanto hubo cesado y las lágrimas dejaban de caer.

— ¿Eh? ¿De qué hablas Dai? — Preguntó desconcertado el mayor, sin alejar el cuerpo del castaño del suyo. Daiki aún tenía oculto su rostro sobre el cuello de Kei, pero en esta ocasión no era para no dejar a la vista del mayor su llanto incontenible, sino para ocultar el sonrojo que se había posado en ambas mejillas de su rostro.

— Que yo no me he olvidado de tu cumpleaños, Kei — Ese comentario dejo totalmente desconcertado al mayor. Y tal fue su sorpresa, que aquellos brazos que apretaban hacia sí el cuerpo de Daiki, le soltaron lentamente.

— ¿Qué...? — Fue lo único que pudo articular.

— Yo... ¡En verdad lo siento Kei! Pero...Yo... Estaba asustado. — Murmuró Daiki apegándose aún más al cuerpo del mayor.

— ¿Asustado? ¿Y por qué? — Preguntó Kei luego de varios minutos de silencio, provocando que el cuerpo de Daiki se tensase durante unos segundos al oír su dulce voz. Inoo no podía evitar sonreír levemente porque a pesar de todo se encontraba aliviado, aliviado al saber que aquella persona tan importante no había olvidado su día.

— Porque... Quizás no te guste... El regalo que tengo preparado para ti... — Aquella razón provoco que a Kei se le escapase una carcajada conmovida.

— ¿Por eso estabas asustado Daiki? ¡Eres un tonto! ¿Qué no sabes que la intención es lo que cuenta? — Rió alejando el cuerpo del menor sólo lo suficiente para poder observar su rostro sonrojado.

— Lo siento... — Murmuró este con una torpe sonrisa, pero aún manteniéndose nervioso.

— Ya Dai, eso a mí no me importa. Al menos estoy feliz de que no se te haya olvidado mi cumpleaños. ¿Sabes lo preocupado que estaba? Que tu mejor amigo olvide el día más importante de tu vida es algo realmente doloroso. — Decía Kei rencorosamente, sacándole sonrisas a Daiki que sólo le observaba con un brillo especial en sus ojos.

— Lo siento. — Repitió.

— Ya deja de disculparte y dame mi regalo, ¿Si? Quiero comprobar si ese miedo que tenías al entregarme mi regalo realmente valía la pena — Kei sonreía ampliamente, pero Daiki no.

Al oír esas palabras pronunciadas por el alto, el rubor y el nerviosismo se habían vuelto aún más evidentes, y aquello sólo hacía levantar dudas y dudas a Kei, quien no podía imaginar de qué clase de regalo se trataba.

— No lo sé... — Decía Daiki inseguro.

— ¡Vamos Dai-chan! ¿Qué pierdes? — Aquella dulce e insistente mirada que Kei le había regalado habían sido razones suficientes para que Daiki por fin le entregase su querido regalo.

— ¡Esta bien! Pero prométeme que luego de que te lo entregue no te enfadaras... ¿Si?

— ¡De acuerdo! — Exclamó Kei emocionado.

Los siguientes segundos a aquella exclamación, fueron tan extraños que Kei no tuvo tiempo de procesar con seguridad lo que había ocurrido. A pesar de que el rostro de Daiki estaba razonablemente cerca del suyo, este comenzó a acercarse aún más, sin poder mirar a Inoo directamente a sus ojos y refugiando su mirada en los labios del alto, quien le observaba perplejo y estático. Miles de veces se había preguntado qué sería besar los labios de Daiki, pero jamás se imagino que ocurriría. Y menos con Daiki tomando la iniciativa.

Su corazón fácilmente pudo haber explotado de lo acelerado que estaba, y su mente era bombardeada con tantas preguntas, pero eso no fue un impedimento para corresponder aquel dulce contacto, profundizándolo a pedido de Daiki, quien movía sus labios muy lentamente incitándolo a que él continuara. Inoo rodeó con fuerza la cintura del menor y le acercó extremadamente a su cuerpo, sólo para sentir ese calor tan único mientras su cerebro se deleitaba con el dulce sabor de sus labios. Pronto, tan pronto como ambos lo necesitaron, se dieron el gusto de incorporar su lenguas dentro de aquel beso que no habían detenido por un segundo siquiera para respirar. Daiki había inclinado su cuerpo un tanto más hacía arriba, dándose el gusto de tomar el rostro de Kei entre sus manos, mientras ambos rostros se encontraban a la misma altura.

Sólo cuando sintieron una necesidad extrema de aire comenzaron a separarse, dándose besos largos y otros tantos cortos hasta que por fin sus labios se vieron separados, pero sus respiraciones aún unidas ante tal cercanía. Sus cuerpos se habían quedados como paralizados, sin moverse siquiera un milímetro, y sólo el respirar agitadamente era la única razón por la cual sus cuerpos ejercían un movimiento leve.

Aún mantenían sus ojos cerrados, y las manos de Daiki aún sostenían el rostro de Kei, al igual que este aún sostenía entre sus brazos la cintura de Daiki. Al ser este último quien había tomado la iniciativa entre los dos, Kei sintió que le correspondía decir primero que los dos algo, cualquier cosa.

Pero a medida que pasaban los minutos ambos seguían manteniéndose en silencio.

— Dai... — Murmuró abriendo sus ojos, siento interrumpido por el casi nombrado quien posó suslabios en los del mayor en un leve toque, desconcertando al besado completamente.

— Feliz cumpleaños Kei... — Le murmuró Daiki observando con una repentina seguridad el rostro ruborizado de Kei.

— Dai...

— Y me gustas. — Esta última confesión dejó totalmente paralizado a Kei.

"Le gusto... Le gusto... Le gusto..."

— Te gusto... — Ante este tonto comentario acompañado con esa sonrisa tonta de chico enamorado, provocaron que Daiki riera ruborizado, volviendo a ocultar su rostro sobre el cuello del alto.

— Y tú... — Estaba a punto de preguntar, pero esta vez él fue interrumpido por Kei.

— Tú también me gustas. Y no sabes cuanto... — Daiki sintió como si un balde lleno de pintura roja se le hubiese caído sobre sus mejillas, por lo que ocultó con más euforia su rostro, riendo con felicidad causándole costillas a Kei sobre aquella zona.

— Lo siento... — Murmuró luego de varios minutos de silencios.

— Deja de disculparte, Dai... — Kei alejó una vez más el cuerpo de Daiki del suyo, sólo hasta poder ver con claridad el rostro del menor.

— Yo... Yo te amo — Murmuró sobe los labios del menor.

— Kei... No tienes una idea de cuánto te amo también... — Y una vez más ambos muchachos se fundieron en un beso profundo, repleto de ternura, leves caricias, suspiros y rubores.


"Éste, definitivamente... Es el mejor cumpleaños de mi vida."

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